viernes, 13 de febrero de 2009

Las Competencias ciudadanas...

COMPETENCIAS CIUDADANAS
Por considerar de interés de la ciudadanía en general, y de los Lectores de “El Cartón de Lagos”, en particular, y en virtud de estar asesorando a dos grupos de Maestros con el curso de actualización docente “LA FORMACIÓN CÍVICA Y ÉTICA EN LA EDUCACIÓN BÁSICA” – Grupo en que se están reflexionando temas por demás de la cotidianeidad de nuestro tiempo, es que escribo algunas ideas que bullen dentro de mi ser social, natural, político, económico, plural e integrante de esta comunidad pensante y actuante de sus derechos y responsabilidades.
En la práctica del día a día dentro del aula, los docentes se afanan en construir dentro del ánimo de los alumnos una conciencia de ciudadanos que lleven dentro de su ser los principios de dignidad humana, paz, mayoría, derechos humanos. Valores universales de JUSTICIA, LIBERTAD, IGUALDAD, TOLERANCIA, SOLIDARIDAD, FRATERNIDAD, Valores de respeto, responsabilidad, pluralismo, con Procedimientos de diálogo, participación, de elecciones, de no violencia, implícito las Condiciones de Equidad, competencia regulada, ejercicio de la ciudadanía y soberanía popular, todo lo cual forma y conforma el “Horizonte ético de la Democracia”.
Mediante la reflexión y análisis de experiencias cotidianas sobre el ejercicio de la democracia y la ciudadanía, así como aportes técnicos sobre la materia; se induce al reconocimiento de la escuela como un espacio que contribuye al desarrollo de una cultura política democrática a partir de las competencias cívicas y éticas de los programas de estudio de educación básica vigente. Se revisan los conceptos fundamentales sobre los temas de derechos humanos y cultura de la legalidad, se analizan algunas recomendaciones para abordar dichos temas como parte de los contenidos de la Formación Cívica y Ética.
A todo lo anterior, surgen algunos cuestionamientos - ¿Cuántos profesores tienen la actitud de reflexión y análisis de estos temas?, ¿Quiénes son los que poseen las virtudes que se requieren para trasmitir las competencias – que, en primer lugar se deben poseer?, ¿Hasta qué punto se debe permitir la “doble moral” de enseñar lo que no se tiene?, veamos un poco las competencias que se pretende enseñar a los alumnos como ciudadanos éticos de la sociedad, para formar el “Ciudadano ideal” en cualquier sociedad que presuma de ser tal.
Capacidad de auto reconocerse como sujeto de derechos y RESPONSABILIDADES.
Capacidad de reconocer y respetar los derechos de los demás. (Tolerancia, reconocimiento del derecho a la diferencia, no discriminación, pluralismo).
Capacidad de auto contención para no exigir más de lo que se puede ofrecer. (Sentido de responsabilidad social, reciprocidad, sentido del interés general)
Capacidad de participar en el debate público y, por esa vía, en el proceso de toma de decisiones. (Razonabilidad pública como fuente de persuasión, renuncia al principio de autoridad y a la tradición).
Capacidad de evaluar el desempeño de quienes ocupan los cargos públicos (monitoreo ciudadano) y de imponer costos políticos cuando así lo ameriten las circunstancias.
Como se podrá observar la formación de un individuo con estas habilidades cognitivas de reconocerse como sujeto pleno de derechos y responsabilidades, de ejercer el respeto a los otros en esos mismos derechos, por medio de los valores universales, ubicar la formación con un sentido de responsabilidad social, reciprocidad en los intereses de la colectividad, formación de hábitos de debates dentro del aula, para determinar la toma de decisiones del interés del grupo y lograr por ese medio la competencia de evaluar el desempeño del grupo entre todos los integrantes, así como imponer las sanciones con principios de raciocinio, control, madurez y equidad, es todo un gran reto a lograr.
Cuando lo anterior podamos considerarlo un hecho consumado, los individuos que egresen de las aulas de la educación básica, contarán con las habilidades y competencias para desarrollarse dentro de la sociedad que ellos mismos se encargarán de construir, cuidar, transformar y evaluar para determinar los senderos que deban seguir; esto es la finalidad de la educación básica, es la guía que los docentes tenemos la obligación de construir en el trabajo cotidiano dentro del aula; pero para lograr avances en este camino, deberemos tener la humildad de reconocer que es un trabajo que no podemos construir solos, para ello necesitamos de la labor que los padres de familia deberán fomentar dentro del hogar, y desde el seno materno.
En un estupendo artículo sobre “Las reglas en la escuela”, la autora Silvia Conde Flores, expone ideas sobre la definición de lo que es una “Escuela democrática”… cito textual,
“Es un espacio de legalidad y justicia. Son múltiples las posibilidades que ofrece la vida escolar para que el alumnado comprenda la importancia de las reglas y se comprometa con su respeto, además de que desarrolle su capacidad legislativa y el sentido de justicia. La construcción de un ambiente escolar justo y de legalidad, involucra diversos elementos: el diseño participativo de las reglas, su permanente revisión y el compromiso con su respeto, la disciplina, el ejercicio democrático de la autoridad y la resolución no violenta de conflictos, cuando éstos se presenten”.
No será tiempo perdido el que maestros y directivos inviertan dos o tres días al inicio del curso para analizar con padres de familia, maestros y alumnos, la normatividad aplicable a la escuela, no solo para establecer un compromiso con su cumplimiento, sino para resolver dudas y reorientar y aclarar interpretaciones erróneas. En un contexto democrático, el docente no pierde su autoridad sino que debe ejercerla con apego a los límites establecidos y con respeto a la dignidad humana. Puede corregir a un alumno haciendo uso de su autoridad, siempre y cuando no se viole el derecho a la educación y no imponga tratos crueles, inhumanos o que atenten contra su dignidad. Los padres requieren conocer los límites de los docentes y directivos en la aplicación de sanciones, apoyar a la escuela cuando sus hijas o hijos cometen una falta, y en caso de violaciones a los derechos de los niños, denunciarlas ante las autoridades correspondientes.

El conocimiento de las reglas y normas en la convivencia de las instituciones educativas, permitirá a los alumnos el aprendizaje del verdadero sentido de la legalidad y la justicia, a los maestros les otorgará la confianza de enseñar a los alumnos que practicando las reglas establecidas pueden avanzar hacia la autonomía, basada en una moral de principios y autorregulación, para que transiten de una posición individualista a una distinta basada en el reconocimiento del otro, de lo público y del interés común, así como para que construyan el sentido democrático de legalidad, justicia y autoridad.
La manera como los niños y las niñas entienden las reglas está ligada a su desarrollo moral y cognitivo y a sus experiencias previas, a partir de las cuales han construido sus nociones de norma, justicia, bien y mal. Los más pequeños entienden las reglas como una prohibición establecida por los adultos, aunque gradualmente van comprendiendo que son acuerdos para la convivencia y que todas las personas podemos participar en su definición.
Con actividades sencillas, el docente puede promover que los alumnos reconozcan que tienen la capacidad de hacer leyes para sí mismos con responsabilidad, conciencia y equidad. Por ejemplo, decir explícitamente al grupo “ustedes pueden proponer normas que todos vamos a respetar”, constituye una especie de validación, de permiso para regular colectivamente el comportamiento de un grupo.
En educación preescolar pueden elaborarse reglas sencillas de participación, de uso del material colectivo o de organización de las actividades cotidianas. Las reglas deben ser breves y claras y señalar el comportamiento esperado, más que el prohibido. Por ejemplo “Guardo el material que ya no uso”, “pido permiso para ir al baño”, “recojo lo que está tirado”. En los primeros grados de primaria se aplican estos mismos criterios, pero las reglas deben implicar cada vez un mayor compromiso y más responsabilidad. Los niños y las niñas en estas edades, tienen dificultad para comprender su aptitud de elaborar reglas que todos deberán respetar, por ello es importante definir inicialmente pocas reglas, de manera que puedan identificar en la interacción cotidiana la forma en que se aplican las que ellos mismos propusieron.
A partir de tercer grado de primaria y hasta secundaria es posible ir generando gradualmente competencias legislativas cada vez más complejas. Así, en su proceso formativo, el alumno pasa de la definición de reglas principalmente restrictivas, a la elaboración de reglamentos basados en principios, en derechos y obligaciones, en sanciones claras y justas que además procuren la corresponsabilidad y la reparación del daño.
En la definición de sanciones, los docentes comparten la facultad de aplicarlas de acuerdo a lo establecido. La definición colectiva de sanciones y mecanismos de corrección marca límites a las acciones de los alumnos, a fin de que comprendan que no pueden hacer y decir cualquier cosa y en cualquier momento.

Proponer sanciones para otros es una forma de ejercer autoridad. Los alumnos deben aprender a moderar ese poder; cuando por primera vez definen reglas de aplicación general, suelen caer en la tentación de utilizarlas para tratar de evadir el trabajo o se van al extremo de proponer reglas crueles, inhumanas y degradantes. Por ello, el docente requiere apoyar a los alumnos para que comprendan que las reglas y las sanciones deben estar orientadas por la justicia y el respeto a la dignidad, además requiere permanecer vigilante para evitar que traspasen los límites del poder democrático y lleguen a extremos que rayan en el autoritarismo. A la escuela como organización, le corresponde asegurar que esta experiencia se viva con autenticidad y asegurar que el docente cuente con el apoyo institucional necesario para realizar este trabajo.
Para cualquier persona, la convicción de que efectivamente puede proponer reglas de aplicación general, se vincula con sus experiencias en la elaboración de las mismas. Muchos de nuestros alumnos han aprendido que las reglas se respetan básicamente cuando han sido definidas por los adultos, y seguramente se han enfrentado a múltiples situaciones en las cuales las reglas propuestas entre pares son laxas, cambian constantemente y pueden violarse con facilidad. Por ello, una escuela democrática debe procurar la aplicación sistemática y consistente de las normas a fin de que el alumnado reconozca que estas no se aplican a capricho y que elaborar reglas con su participación no es parte del "juego de la democracia", sino que una regla propuesta por un alumno y apoyada por el resto, tiene la misma validez que una regla propuesta por un maestro.
Esta congruencia normativa es responsabilidad de toda la escuela. Hasta las situaciones aparentemente más simples pueden ser una oportunidad para enseñar al alumnado la importancia de las normas y destacar su papel en la organización de la escuela.
En congruencia con lo anterior, me permito transcribir, texto que publica el diario del lector en la Ciudad de Colima, y que firma la Lic. Patricia Gómez González, titulado “NUESTROS HIJOS… NUESTRA RESPONSABILIDAD”.
Esperaré los comentarios de los padres de familia, de sus hijos, de maestros y sociedad en general en la dirección electrónica: azunigag.2@gmail.com


“Bueno, pero... ¿qué nos pasa? ¿Qué es lo que nos hace suponer que alguien más tiene la
responsabilidad de cuidar de nuestros hijos, si nosotros, que se supone que somos los que más los amamos, no queremos tomar esa responsabilidad?Es ridículo ver esas mesas redondas, en las cuales funcionarios públicos, dueños de bares
y discotecas, miembros de comités ciudadanos y medios de comunicación se culpan unos a otros por algo que no es más que falta de responsabilidad de nosotros los padres. Que si en los bares le venden alcohol a menores, que si los agentes de tránsito reciben sobornos, que si no cierran estos lugares a la hora señalada...¿Pero en dónde están los padres de éste menor que tomó más de la cuenta? ¿Quién lo recibe en su casa a esas horas y en ese estado?¿Quién le dio el dinero para entrar en el bar, para el alcohol y para el soborno?¿Dónde están los padres que le dieron el carro a un menor que no es capaz de hacerse responsable y maneja aunque esté tomado?¡Por favor! ¿En qué piensan los padres de esos jóvenes que salen de su casa a las 11 de la noche, habiendo empezado a tomar desde la tarde, durante el partido de Chivas contra América? ¿Y qué están pensando los padres de la jovencita de 16 ó 17 años que va a conseguir "rait" de regreso con la mamá de fulanita, sin querer enterarse de que esa mamá ni siquiera
está en la ciudad?Por qué queremos pasarles la responsabilidad de decidir en manos de quién ponen su vida, si todavía no son capaces de decidir de qué color pintarse el pelo, hoy con rayitos, mañana mejor negro. Por qué les damos permiso a nuestras hijas de irse a dormir después de la disco a casa de una amiga y les cargamos la responsabilidad de llevarlas a los novios de 19 ó 20 años, quién sabe a qué hora y no sabemos ni cómo, pues puede ser que tome de más. ¿Por qué queremos creer que son maduros y responsables si nosotros mismos no lo estamos siendo? Nos volvemos ciegos a los peligros por comodidad, nos hacemos los "buena onda", "es que yo sí le tengo confianza a mi hija". Lo que tenemos es miedo y flojera, no queremos actuar como padres.Nuestros hijos no necesitan que seamos sus amigos... Ellos ya tienen un montón de amigos de su edad. Nuestros hijos necesitan padres valientes y responsables, que pongan reglas y luego estén ahí para ver que se cumplan.¿Cómo va a depender la seguridad de mi hijo del barman de un antro o del agente de Tránsito, o si el dueño de la disco sí cumple la ley y cierra a las 3:00 A.M. en lugar de a las 6:00 A.M.?Yo creo que sí debería de haber un horario, pero el que los padres pongan en su casa
independientemente de la hora que cierren los antros. ¿De qué tenemos miedo papás? ¿Por qué no podemos poner reglas? ¿Por qué no podemos exigir que se cumplan?Si los jóvenes no necesitaran guía, si no necesitaran límites ni autoridad a quien respetar, no existiríamos los padres. Se nos encomendó una misión muy especial, la más grande: colaborar con Dios en la creación y es a nosotros a quienes se nos pedirá cuentas por nuestros hijos, no al dueño del bar ni al amigo de nuestro hijo que iba conduciendo borracho cuando chocaron, ni al policía ni al maestro... ¡a nadie más!Nunca, nadie podrá hacer que nuestros hijos regresen a casa a tiempo y a salvo si nosotros no podemos hacerlo. No existe ley ni horario ni funcionario capaz de hacer por nuestros hijos lo que nosotros no queremos hacer.Actuar como padres es muy difícil y claro, oír de ellos "es que todos te tienen miedo, papá", ¡pues no importa! No estamos en campaña de elecciones para ser el papá más popular del año, pues ya cada quien tiene el padre que le tocó y sería estúpido poner en peligro la seguridad de nuestros hijos por quedar bien y caerles bien a sus amigos.Es horrible oír de muertes de muchachos así, que han tenido la desgracia de toparse con esos otros jóvenes, hijos "huérfanos" de padres "buena onda".No estaría mal ganarnos el respeto de nuestros hijos tomando las riendas de su vida, haciéndonos responsables de su hora de llegada, de lo que toman, de sus calificaciones, haciéndoles saber lo que esperamos de ellos y creando los medios para ayudarles en su lucha para conseguirlo. Pongamos los pies en la tierra, seamos consientes...Los jóvenes, lo único que necesitan es que ¡actuemos como padres!

Lic. Patricia GómezGlez

jueves, 29 de enero de 2009

Fue... un sueño.

La noche del día lunes 11 de noviembre de 2008, casi para amanecer el día martes, día de traslado a la Ciudad de México, para recibir el Curso sobre “Formación Cívica y Ética” – que en forma posterior llevaré a los maestros de Jalisco – 9 y 10 diciembre – se da este descanso nocturno en forma por demás inquieta – la emoción de traslado a esta Ciudad “La más grande del mundo”, es comprensible, pues no es de mi gusto el venir a la parte más contaminada de nuestro hábitat común, pues como escribo líneas arriba, pasé una noche con mal estar general, desde todos los ámbitos de mi cuerpo, principalmente la barriga, razón por la cual levanté y tomé una dosis de carbonato, substancia que a la postre me permitió dormitar un poco.
Pues bien, casi al ir a despertar, me encontraba soñando con que mi persona era una “Autoridad” educativa – en realidad, lo soy, pues ocupo el puesto de Profesor del Centro de Actualización del Magisterio – pero no como lo soñé, trataré de describir una parte de esta parte de mi noche:
Me encontraba en una institución educativa, dentro de un salón lleno de niños de primaria – más menos de tercer año – una maestra se encontraba al frente, explicando unas funciones numéricas, los niños, se dirigían a mi persona buscando explicación a lo que estaba sucediendo en el aula, y yo – con mucho gusto, me dirigía a ellos explicando sus dudas, y escuchando sus comentarios… luego me miraba presidiendo una asamblea de padres y madres de familia, en donde se trataban asuntos referentes a los avances y en muchos casos retrocesos académicos de los alumnos, las quejas de los integrantes de la asamblea eran en verdad inquietantes, pues mostraban en la práctica que los egresados de nuestras aulas, no eran capaces de resolver problemas de ninguna clase… ni fáciles y mucho menos difíciles… entonces me preguntaban sobre ¿Qué estábamos haciendo con el tiempo educativo de los seis ciclos de educación primaria? - ¿Por qué no se notaban los avances en el conocimiento de los niños? - ¿Cómo podíamos considerarnos profesionales de un trabajo que no muestra resultados satisfactorios en ningún aspecto de la educación básica? - ¿Qué si sabíamos que pasan casi 12 ciclos escolares los alumnos en ese nivel? - ¿Qué cual debería ser el resultado en los alumnos? - ¿Qué en dónde se encuentra la falla… en los niños? - ¿Los maestros? - ¿El sistema? - ¿La genética? - ¿Los libros de texto? - ¿Qué había que hacer con él, o los culpables... en caso de hallarlo (s). etc., etc.
Al despertar, sentía una pena muy grande dentro de mi alma, de escuchar y querer transformar la situación de los asambleístas de mi sueño, me miraba como si fuera una película dirigiendo mis palabras a la concurrencia, era mi discurso un reclamo a todos los que integramos la sociedad educativa, desde el preescolar, hasta el nivel de maestría y doctorado, a los investigadores, y escritores de libros, a los miembros de los partidos políticos y el gobierno en general, proporcionaba claves para tratar de transformar nuestra realidad sobre el avance de la educación en nuestro país, hacía hincapié en que los tiempos que nos toca vivir, los avances de la tecnología, la ciencia, la cultura, la conciencia de la sociedad deberán brindar soluciones a ese tipo de problemas, y que ese era el momento de manifestarlo, de exigirlo, de plantearlo y después de ese proceso de ¡Ganarlo! – Que había una condición – y que ésta era que ese trabajo de proporcionar educación a los productos de nuestra sociedad era un trabajo que nunca se le podrá dejar solamente a los maestros… que todos somos corresponsables del saber de los niños, después jóvenes, adolescentes, hombres y mujeres de nuestro país…
Los niños aprenden lo que viven en sus casas, si en el hogar existe amor, armonía, responsabilidad, equidad, justicia, diálogo, acción… (Y esto es secundado por la escuela, maestros, directivos…) entonces de ese mismo modo el niño responderá; igual que responde si carece de uno o más elementos de los enumerados; es decir, el niño, después joven, enseguida hombre maduro y al final anciano, mostrará lo que la sociedad le entregue en el trayecto de la vida, por tanto demos lo que debemos dar, para lo cual habrá que – en su caso – primero adquirir, para tener y poder proporcionar…
Me encontraba fuerte en el decir, y las orejas que me escuchaban se mostraban atentas al discurso, y prestos todos a ejecutar acciones en bien de la niñez y juventud mexicana…
Ahora que lo escribo, me doy cuenta de que faltan muchas palabras dichas en el discurso y que alentaban los espíritus de nuestra asamblea nocturna, quizá porque pasaron casi catorce horas después del sueño… sin embargo, no me gustaría dejar pasar la oportunidad de dejar escrito – aunque sólo sea una parte – de ese momento que viví, disfruté… en fin soñé…
La capacidad de soñar, nos lleva de la mano para la adquisición de realidades… es en fin, una de las habilidades superiores del conocimiento.
Bueno, hasta la próxima…
Adolfo Zúñiga García.

lunes, 3 de noviembre de 2008

La defensa.

La defensa.

El papel flotó en el pesado y cálido ambiente del salón de clases. Por azar, la maestra Sofía levantó su mirada del texto que en esos momentos leía con voz monótona y sedante.
– ¿Quién arrojó esa hoja de papel? –preguntó con timbre helado.
Nadie contesto, un silencio de negros presagios invadió el aula.
– ¿Quién fue? – preguntó de nuevo.
Sólo silencio, nadie se movía.
El metálico sonido de sus zapatos altos se escuchó mientras se dirigía hasta donde el papelucho se había posado, cerca de la ventana. Tomándolo en su mano, regresó al escritorio y con gestos teatrales ante la impaciencia de los alumnos lo miró; era un bello dibujo, en la parte superior un enorme corazón clásicamente atravesado por una flecha. En ambos lados aparecían dos nombres: Rosa María y Alberto. Bajo el corazón estaban dos siluetas de forma humana completamente desnudos. Un hombre y una mujer.

¡Vaya, vaya! –exclamó la maestra Sofía–, ¡con que ésas tenemos! ¿Quién fue el autor de semejante tontería? ¿Fuiste tú, Alberto?
Alberto se revolvió en la butaca, quiso decir algo pero las palabras le faltaron.
La maestra atacó de nuevo: – ¿acaso fuiste tú Rosa María?
La chica, con ojos vidriosos no contestó, sólo bajo su mirada hasta el piso.

–¿Cómo es posible, que mientras yo explico un tema tan importante como es la revolución francesa, la caída de la monarquía de los Luises, los anhelos de libertad del pueblo francés, la lucha fratricida, ustedes estén pensando en otras cosas? Perdiendo el tiempo de una manera tan miserable con esas tonterías. ¿Qué pensarán tus padres si vieran esto, Rosa María? Tu madre se llenaría de vergüenza. Y tú, Alberto, a tus dieciséis años no eres más que un muchacho inmaduro que sueña con ser hombre. ¿Acaso te sientes capacitado para sostener una familia? ¿Ya tienes trabajo? ¿Serías a tu edad un padre responsable? Y ahora díganme, ¿quién hizo esta porquería de dibujo?

Alberto no contestó, Rosa María tampoco. El salón se llenó de murmullos sordos adornados con una que otra sonrisa de burla.

–El vista de que no quieren confesar quién fue, me hacen el favor de presentarse a la hora del recreo en la dirección.

La maestra Sofía continúo su clase y el papelito, prueba de las urgencias juveniles, fue a parar en la enorme bolsa de mano de la maestra.

A la hora del descanso los dos jóvenes se dirigieron a la dirección. La autoridad máxima del plantel ya estaba enterada del problema y pronto los hizo pasar a su despacho.

Rosa María estaba a punto de llorar, con ojos angustiados buscaba la excusa, el perdón, y borrar de una vez por todas tamaña vergüenza. Alberto iba callado, aparentemente sereno.
–Lo que pasó hoy en la clase de ciencias sociales merece una severa amonestación, su delito es grave jovencitos y esto lo tendrá que considerar el Consejo Técnico Escolar y deberá tomar una resolución. Por lo pronto, quedan suspendidos hasta el día de mañana en que dicho consejo se reunirá a las cinco de la tarde y por lo tanto, ustedes deberán presentarse a esa hora.

Cuando los dos jóvenes salieron de la oficina, Rosa María con lágrimas en las mejillas le dijo:
– ¿Por qué lo hiciste?
–Perdóname, Rosa María. – Contestó Alberto–. Te juro que no sé qué me pasó, la clase estaba aburrida y yo empecé a imaginarme cosas...

–Ahora me has metido en un gran problema. ¿Es así como me demuestras el amor que sientes por mí? ¿Qué va a pasar si nos expulsan? ¿Y cuando mis padres se enteren, qué les voy a decir? ¡Dios mío! ¿Qué voy hacer ahora? Tú sabes Alberto, que te he correspondido, que te quiero, que lo nuestro ha sido un amor limpio. ¿Por qué tenías que llegar a esa vulgaridad? Ahora tendrás que confesar la verdad, que tú hiciste ese sucio dibujo y que en este caso tú eres el único culpable. Pues tú sabes que yo soy completamente inocente.

–Así es –replicó Alberto muy apenado–. Yo diré la verdad, yo fui quien hizo el dibujo y lo confesaré ante el consejo técnico.

No hubo respuesta, ni despedida. Cada uno salió en dirección opuesta.

Al día siguiente el Consejo se reunió, los maestros de las diferentes materias estaban presentes. Alberto y Rosa María permanecieron en el exterior del salón mientras se trataban los diferentes problemas que afrontaba la institución. Por fin, el maestro de Orientación Vocacional los llamó. Se sentaron y escucharon al director que daba a los maestros los pormenores de la acusación.

– ¿Quién hizo el dibujo? –preguntó el de Ciencias Naturales.
–Fui yo –contestó Alberto–. No sé qué me pasó, mi mente empezó a volar, a imaginarme cosas...
–Eres un inmoral, jovencito –dijo el maestro de español–. ¿Ese es el ejemplo que te dan tus padres?
–Debemos poner un remedio a esto. Hoy en día los jóvenes están enfermos de sexo y violencia –exclamó la maestra de inglés.
–Todo este problema se debe a la influencia del cine y la televisión –dijo el maestro de Matemáticas.
–Yo pido a este Honorable Consejo Técnico que Alberto sea dado de baja de la institución, para que sirva de ejemplo y freno a los demás alumnos –dijo la maestra Sofía.

– ¿Y cuál es su opinión maestro orientador? –interrumpió el director.

–Yo –contestó el de orientación vocacional–, estoy por lo que la mayoría decida...

Se guardó un profundo silencio, el momento pareció una eternidad. Y fue entonces que de manera sorpresiva cuando nadie lo esperaba, Alberto habló:

–Señores maestros –empezó con voz titubeante–, sé que cometí un error, una falta grave, y estoy consciente de ello. Pero permítaseme hablar. Rosa María y yo somos novios, creo que nos amamos, estamos muy jóvenes, lo sé, pero de alguna manera tenemos que aprender a conocer el amor. Les aseguro que este amor es limpio, que nos respetamos, que ella no tiene nada de qué avergonzarse.

Por las tardes estudiamos juntos, vamos al parque y nos comentamos nuestros problemas, y entre los dos tratamos de solucionarlos. Ella me comprende y yo la comprendo. Nuestras calificaciones si no son excelentes, sí son buenas; yo prefiero su compañía a la de mis amigos. Cuando estoy con ellos sólo platicamos de tonterías, simplezas y bromas sin sentido, en cambio con Rosa maría, hablamos de nuestros temores, de nuestras inquietudes y de nuestros proyectos.

¿Qué hice siluetas obscenas? De acuerdo. ¿Por qué las dibujé? No lo sé. Creo que estoy sufriendo cambios. Para Rosa María yo deseo lo mejor, jamás intentaría algo que pudiera hacerle daño. Sin embargo, y haciendo una comparación, amo también a mi madre, pero es un sentimiento diferente que no puedo o no me he sabido explicar. Si por las dos siento un profundo amor, si a las dos respeto, si no quiero verlas sufrir, ¿por qué ese amor es diferente en una y en la otra? ¿Me han explicado acaso los maestros en qué consiste esa profunda diferencia entre un amor y otro? No, ¿verdad? Entonces déjenme encontrarlo por mi cuenta, permítaseme experimentar para aprender, déjenme encontrar el camino correcto a pesar de mis errores de adolescente. Ahora bien; en la escuela no hablan del amor que en realidad es sexo, será quizá porque el sexo es concreto y aparentemente sencillo de explicar y comprender, y el amor, ese sentimiento que no podemos dominar y que casi nadie comprende es abstracto. Lo sentimos, yo lo siento dentro de mí, amo a Rosa María con un amor puro, limpio, pero les aseguro que es un amor diferente al que siento por mi madre. Quizá ese amor por mi novia es abstracto-concreto. Yo no sé pero déjenme experimentarlo.

–Ahora bien, –continuó Alberto– Usted, maestro de Español, dígame ¿la declaración de Isthar a Gilgamesh en la literatura mesopotámica, es amor o sexo? ¿Y cuando la diosa Surpunaka trata de seducir a Rama en el Ramayana, es amor o sexo? Cuándo García Lorca dice “Se la llevó al río creyendo que era mozuela y le regaló un costurero grande de raso pajizo” porque era muy gitano y hombre. ¿Es amor o es sexo? ¿O cuando Sor Juana acusa a los hombres como si fueran demonios en sus famosas “Redondillas”, es amor o es sexo? Y usted, maestro de “Naturales”, nos habla en clase del aparato reproductor tanto masculino como femenino, de enfermedades venéreas, de su prevención, del control natal, ¿eso cómo se llama, sexo concreto o amor abstracto? Y en la clase de Sociales sólo nos hablan de países en guerra, de locos y fanáticos ambiciosos que anhelan el poder; inclusive de anormales sexuales como Hitler o sifilíticos como Cortés. ¿Es así como vamos a aprender lo que es el verdadero amor? Nos pueden criticar, juzgar y hasta expulsar los maestros de una institución que están enajenados con las telenovelas y donde se muestran infidelidades, la corrupción, la prepotencia y la estupidez humana’ Si es así, –terminó Alberto con voz quebrada por la emoción–, yo mismo solicito mi baja en esta escuela.

Todos guardaron silencio y por fin el director revolviéndose en el asiento con incomodidad, exclamó:

– ¡Está bien! ¡Está bien, jovencitos! Pueden retirarse a su casa, mañana se presentarán normalmente a su clase, sólo te suplico Alberto, que eso no vuelva a suceder y también quiero que te pongas en contacto con el maestro comisionado del club de oratoria para que te prepare y participes en los próximos eventos regionales.

Los dos jóvenes abandonaron el recinto. Alberto iba sonrojado y trémulo mientras Rosa María lo veía con admiración.

Antes de que se retiraran los maestros del local, el profesor de Educación Física recibió bajo la mesa de juicios un papel que decía:

Te espero hoy en la noche en mi departamento.
¡Te deseo CONCRETAMENTE!
Sofía

1 Arenívar, José. La vida en la escuela, Fundación SNTE para la Cultura del Maestro Mexicano, A.C., México, 1992, pp.35-40.

jueves, 25 de septiembre de 2008

"Revolución Educativa"

Entre los años 1988 – 1993, la educación de nuestro país, protagonizó la llamada “Revolución Educativa”, misma que pretendía entre otros, de manera principal elevar la calidad de la educación básica, ¿Cómo? – Entre las principales acciones se encuentra la desconcentración de recursos del centro a los gobiernos estatales.

Las políticas educativas instrumentadas por la S. E. P. en los últimos años acentuaron los efectos producidos por la pobreza en el acceso, permanencia y aprovechamiento en el sistema de enseñanza, de tal forma que si la aplicación del Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica no se basa en medidas eficaces, tales fenómenos se mantendrán, pues la mera transferencia de recursos no asegura por sí misma la desaparición de los problemas que afectan al sistema.

A cuatro lustros de distancia, es ya posible observar que las condiciones educativas que dieron origen a este movimiento, no nada más no se transformaron, sino que se agravaron a tal grado que en la actualidad son el mayor reto de la historia, pues los índices educativos de aprovechamiento escolar y eficiencia Terminal, son cada vez mucho más lamentables.

En el periódico “Excélsior”, en fecha 27 de mayo de 1992, aparece un artículo de Jaime Labastida, en el mismo se hace un análisis sobre este aspecto de la educación en nuestro país, el cual por su trascendencia, me permito transcribir buscando que quienes estamos interesados en la transformación de la educación pública, tomemos algunos conceptos importantes ahí plasmados.
¡Vaya pues…! Y que cumpla su cometido de encontrar respuestas a los grandes retos educativos que nos envuelven y están deteniendo el desarrollo del conocimiento de todo un pueblo como es el mexicano.


Vuelta al pasado en educación

En una entrevista que, en fecha reciente, publicó la revista “Mundo”. Señalé el que considero el problema central en nuestro país: el fracaso de nuestro sistema educativo. Este fracaso se expresa en el hecho, terrible, de que hemos producido, a lo largo de los últimos decenios, egresados sin capacidad crítica, anestesiados, dispuestos a obedecer. El educando ha sido concebido por nuestro sistema educativo como un débil mental. Perpetuo menor de edad al que los padres y los maestros - , guían, sostienen – o detienen – porque no le conceden la habilidad de pensar por sí mismos, de desarrollarse de manera autónoma.

Esta profunda debilidad de nuestra educación se deriva de un concepto, en ocasiones explícito, pero las más de las veces simplemente implícito, que consiste en suponer que lo esencial en educación es transmitir conocimientos. Por supuesto, esos conocimientos deben estar, dado el desarrollo vertiginoso de la ciencia y la tecnología, actualizados. Por consecuencia, cada cierto número de años, se presenta la inaplazable necesidad de actualizar los conocimientos, o la información, o los contenidos de la enseñanza. Transmitir conocimientos, informar, enseñar, pues, parece la esencia misma de la educación. Si no fuera ese su objetivo, ¿Qué otra cosa podría ser la escuela? - ¿Para qué si no es para esto, fue diseñada la escuela?

Detengámonos un momento frente a estas proposiciones que poseen ya, para nuestra desgracia, el carácter de dogmas, de verdades evidentes de suyo, casi de postulados o de axiomas que ni siquiera necesitan de demostración. Lo que debe en verdad, preocuparnos es precisamente esta idea tan extendida de que lo esencial de la educación consiste en la transmisión de conocimientos de una generación a otra, por supuesto.

Creo que es conveniente situarnos, de entrada, en otro espacio teórico y reconocer que lo esencial de un proceso educativo consiste en su posibilidad para desarrollar en el educando sus más amplias capacidades latentes. Con otras palabras: lo más importante es que el educando sea capaz de descubrir, de interrogar, de generar conocimientos, de poner en duda las supuestas verdades recibidas, de crear, de producir enunciados nuevos. La educación pone en acto lo que el educando posee en potencia, como diría Aristóteles.

La educación nacional entró en crisis y esa crisis cada día es más profunda, a medida que se acentúan los contenidos aparentemente “modernos” de los textos de enseñanza y se carga a los alumnos – “Carga” en el sentido real y figurado, puesto que los hará con varios kilogramos de libros de sabiduría inútil – de un exceso de materias… o de áreas, para el caso da igual.

El resultado, o sea, el producto, por otro nombre el egresado de cualquiera de nuestros ciclos de enseñanza, es un muchacho que se acostumbra a recibir, en el sentido literal del término, los conocimientos ya hechos. Sabe de química, de física, de matemáticas, de biología; por lo tanto, cree saber ciencia. Sabe también de literatura o de pintura; cree también que sabe algo de arte. Y, en efecto, las nociones de matemáticas que recibe se encuentran actualizadas y se le enseña teoría de conjuntos y en el caso del lenguaje recibe las nociones modernas de lingüística estructural.

Este saber de los estudiantes – Y este saber de sus profesores - ¿no es por el contrario, un falso saber? De pronto acuden a mi las palabras viejas por fortuna, con una vejez de veinticinco siglos , las palabras digo, de aquél hombre que se consideraba el impertinente por excelencia El tábano de la ciudad, el que hostigaba las conciencias tranquilas de los atenienses. Sócrates, pues, dijo que la virtud no podía ser enseñada. En rigor, señaló que podían ser transmitidos ciertos conocimientos pero que, con palabras actuales, la ciencia, la filosofía o el arte, no pueden ser enseñados en un sentido radical (…).

Del conjunto del Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica me interesa rescatar, por consecuencia, un aspecto, que considero el primordial. Es más, quiero decirlo por adelantado, si este único punto se pusiera en acción, constituiría, por sí solo, la reforma más profunda y duradera del régimen actual y, sin duda, el logro de mayores alcances que el sistema educativo nacional hubiera logrado en más de veinte años de tropezar en las mismas piedras.

Me refiero, por supuesto, a la parte que dice: “El fundamento de la educación básica está constituido por la lectura, la escritura y las matemáticas, habilidades que, asimiladas elemental pero firmemente, permiten seguir aprendiendo durante toda la vida y dan al hombre los soportes racionales para la reflexión.

Sí, pues – pero adviértase bien, si -, el acuerdo traduce en términos operativos este principio, nuestro sistema educativo habrá dado un paso gigantesco en la construcción de educandos que puedan, como decía el poeta César Vallejo, recibirse de hombres.

El principio mencionado contiene la esencia misma de la educación. No pone el acento en los contenidos ni en la transmisión de conocimientos científicos, verdaderos, racionales o modernos. Pone el acento, por lo contrario, en el lenguaje, en el lenguaje como instrumento inseparable de la razón y como la posibilidad de aprender durante toda la vida, es decir, la posibilidad de dudar de todo, de poner en cuestión aquellas verdades que la ciencia considera indiscutibles. .

Si y sólo si ese principio se traduce de modo consecuente en un nuevo sistema de enseñanza – aprendizaje, estaremos en el umbral de una auténtica revolución educativa. Por esta revolución educativa entiendo, qué curioso, la puesta en marcha de los más viejos principios de la educación. Dicho de otra manera: Para avanzar, me parece que, con justicia, el acuerdo propone retroceder. De otro modo aún. El acuerdo propone que, para modernizar nuestra educación se debe volver al pasado. Felicito a los autores de esta idea. Es la primera vez, en años, que se propone algo sensato en el conjunto caótico de la educación nacional.

No quiero detenerme en otros aspectos, obviamente dudosos, que contiene el acuerdo. Señalaré alguno, sin embargo. El principal es el relativo a la transferencia a los gobiernos estatales de los recursos destinados a la educación. Peligro cierto, por el carácter poco ilustrado, digámoslo mediante un eufemismo, de una buena parte, sino de la mayoría de los gobernadores de los estados. Pero, al mismo tiempo que se presenta el peligro de la posible desviación de fondos a fines que no sean estrictamente educativos , se ofrece la inmensa opción de hacer que los estados compitan entre sí por elevar los niveles educativos. El modelo que inspira este aspecto del acuerdo es ciertamente, el estadounidense. Ojalá que en nuestro país también se traduzca en una mayor participación de la sociedad civil y en una mayor vigilancia del uso de los recursos.

Ojalá, por encima de todo, que el principio funcionario fundamental que este Acuerdo contiene se traduzca, insisto, en programas que pongan el énfasis, ¡Cómo antes!, en la lectura y la escritura. Lectura en voz alta, para el disfrute pleno de los valores estéticos de los poemas, luego relatos y los ensayos. Lectura en silencio, para la construcción de una conciencia reflexiva. Escritura, ortografía, carácter poco ilustrado, caligrafía… que permitan el desarrollo de las habilidades motoras más finas de los educandos y que produzca, con el tiempo, personas hábiles para redactar, investigar, escribir… algo más que oficios incomprensibles y ensayos de estudiantes universitarios que lindan con la barbarie.

Si esto se logra, sólo si esta condición (al mismo tiempo necesaria y suficiente) se cumple, acaso en un tiempo corto, de quince o veinte años, nuestra nación volverá a disponer de gente crítica, pensante, que goce el placer del texto. Por este sólo punto, pues, estoy en condiciones de apostar a favor del acuerdo.

Artículo tomado del periódico “Excélsior”, 27 mayo 1992, pp. 1, 10 y 41
Por Jaime Labastida.

jueves, 11 de septiembre de 2008

El origen del mundo.

Cómo evolucionó el hombre y pobló el globo en la Prehistoria.

El hombre ha vivido en la Tierra durante unos dos millones de años, apenas el tiempo de un parpadeo comparado con la historia total del planeta, que se extiende durante un lapso de 4,700 millones de años. Si suponemos que la edad de la tierra, desde su origen hasta el momento presente, equivale a un día, la aparición del hombre se habría producido menos de un minuto antes de que terminara ese día. Sin embargo, el inmenso abismo de tiempo anterior a la aparición del hombre constituye también una parte de la herencia de éste.
Solamente durante los últimos 5,000 años ha dejado el hombre constancia escrita de sus hechos. Aparte de esta pequeña fracción de su existencia total, el único conocimiento que tenemos de su aspecto y manera de vivir se basa en los escasos indicios que nos han llegado: huesos y dientes fósiles, herramientas de piedra, puntas de flecha de pedernal, trozos de vasijas de barro, gravados en las rocas y pinturas en las cavernas.
El trabajo de desenterrar e interpretar las huellas del hombre primitivo representa largos y penosos estudios de arqueólogos y otros expertos. El cuadro que ofrecen sus hallazgos, aunque con frecuencia incompleto, suministra pruebas suficientes del complejo proceso evolutivo que desembocó en la aparición de nuestra especie, el Homo Sapiens, que hoy día puebla el globo.
Nuestros antepasados más antiguos vivían de plantas alimenticias y de la caza, y sólo disponían de instrumentos de piedra para matar sus presas y preparar su sustento. Poco a poco, sin embargo, fueron reduciendo su dependencia de las fuerzas de la naturaleza gracias al pastoreo y al cultivo del suelo. El hombre dio otro gran paso hacia delante cuando aprendió a usar los metales y, con la introducción de esta nueva tecnología, el camino quedó preparado para las realizaciones de la civilización, tal como hoy la conocemos.

Orígenes del mundo.

Mucho antes de que surgieran los primeros antepasados del hombre la tierra que iba a heredar atravesó innumerables fases de desarrollo. Se formó 4,700 millones de años antes, al enfriarse una nube de gases incandescentes, convirtiéndose en un planeta con corteza sólida. Lluvias torrenciales que duraron 60,000 años formaron los océanos, y diversos periodos de gigantesca actividad volcánica modelaron una y otra vez las cordilleras. Transcurrieron millones de años antes de que la vida terrestre surgiera reptando del mar; pasaron otros millones de años hasta que empezó la gran era de los mamíferos de los cuales con el tiempo surgiría el hombre.
Un “caldo” de substancias químicas hizo habitable al planeta.
A mediados del siglo XVII James Ussher, arzobispo de Armagh, en Irlanda, declaró que Dios había creado la tierra en el año 4004 a. de c., asegurando que en la Biblia, se encontraban pruebas de ello. El doctor John Lightfood, vicerrector de la Universidad de Cambridge, añadió un interesante comentario a la teoría del arzobispo. “El hombre fue creado – dijo – el 23 de octubre del año 4004 a. de c., a las nueve de la mañana”.
Las ideas acerca de la creación constituyen una parte importante de la herencia cultural del mundo. El relato bíblico de un Dios que creó los cielos y la tierra en seis días y el séptimo descansó es una de las más arraigadas creencias con que el hombre, en distintas épocas y en diferentes partes del mundo, ha tratado de desentrañar el misterio del origen del planeta.
Ni siquiera los conocimientos científicos de los tiempos modernos han producido unanimidad de criterio acerca del origen exacto de la tierra y del sistema solar. Sin embargo se cree generalmente en la actualidad que el sistema solar empezó siendo una difusa masa de gases y polvo que giraba y se concentraba lentamente por la fuerza de la gravedad. El calor generado por este proceso produjo un pequeño sol que brillaba débilmente en el centro. De este sol se desprendió un disco plano de gases que giraba a su alrededor. En el interior de este disco se concentró el gas formando los planetas, mientras el sol se contraía y calentaba progresivamente. Cerca del Sol, los elementos más pesados se condensaron formando los planetas interiores, como la Tierra; más afuera, los átomos ligeros se condensaron a su vez, dando origen a los planetas exteriores.

Sesenta mil años de lluvia.
Lo más probable es que la Tierra empezara su carrera en forma de una masa de gases a una temperatura de 4.000 grados centígrados., casi igual a la del Sol. Hace unos 4.700 millones de años, se enfrió lo suficiente para que los gases se transformasen en líquidos y entonces, a 1.500 grados centígrados aparecieron por primera vez partículas sólidas de corteza, que flotaban sobre la Tierra en fusión. A 700 grados centígrados, la corteza tenía un espesor de unos 9 kilómetros y el enfriamiento se hizo más pausado. En torno a la tierra flotaba un denso velo de nubes formadas por partículas líquidas, debidas a la condensación de los gases.
Al descender la temperatura empezaron a caer gotas de lluvia. La llovizna no tardó en convertirse en un persistente aguacero que durante 60,000 años colmó los océanos y erosionó las tierras. Debido al agua, la temperatura del planeta descendió gradualmente hasta aproximarse a los veintitantos grados centígrados actuales. Finalmente hace unos 3.000 millones de años, cesaron las lluvias. Pero la tierra, en aquel lejano periodo, todavía no era un lugar habitable. La atmósfera constituida por dióxido de carbono, vapor de agua, metano y amoniaco, no protegía contra los rayos ultravioleta procedentes del Sol. La corteza todavía se curvaba y se plegaba cuando la lava volcánica surgía del interior. No existían plantas que adornasen las rocas desnudas, y los océanos eran simples extensiones de agua salada que ocupaban las depresiones de la tierra.
Sin embargo, estas circunstancias, al parecer poco propicias, contenían el germen de la vida. Cuando las radiaciones y las descargas eléctricas actúan sobre un medio semejante a la primitiva atmósfera terrestre, puede producirse una asombrosa serie de combinaciones químicas. De este modo se sintetizaron aminoácidos, ácido fórmico y urea que durante millones de años se disolvieron y acumularon en el mar, donde formaron un “caldo” de substancias químicas, sumamente complejo, que contenían todo lo necesario para la vida.


El comienzo de la vida
En este caldo de cultivo se combinaron casualmente las substancias químicas, incluidos los primeros ácidos nucleicos y proteínas, hasta formar moléculas complejas capaces de reproducirse. El verdadero comienzo de la vida se produjo cuando grandes cantidades de estas moléculas y otras más simples se combinaron formando diversas estructuras, dentro de una sola unidad capaz de reproducirse: la célula viva. Aquellas primeras células vivas. Como todas las células, estaban protegidas por una membrana a modo de piel. Durante otros 500 millones de años, aquellas células autónomas se dividieron en dos tipos, algas y bacterias, que constituyen respectivamente el origen de las plantas y animales, es decir, de todos los vivientes sobre la tierra.
Cuando las células alcanzaron cierto grado de complejidad, las radiaciones ultravioleta del sol dejaron de ser perjudiciales para la vida. Antes de que la evolución prosiguiese, la atmósfera se transformó por la liberación de oxigeno y la formación de ozono, que impide la filtración de la mayor parte de las radiaciones perniciosas del sol.
Los primeros productores de oxigeno fueron ciertas algas que contenían clorofila, molécula compleja que, por medio de un proceso conocido con el nombre de fotosíntesis, utiliza la luz solar como fuente de energía. La energía así producida convierte el agua y el dióxido de carbono de la atmósfera en azúcares que utilizan las plantas para su crecimiento, y en oxigeno que es devuelto al exterior. Casi todas las plantas obtienen la energía para su desarrollo por la fotosíntesis, a diferencia de los animales que se alimentan con otras formas de vida. Gradualmente el oxigeno empezó a inundar la atmósfera. En la parte más alta, el oxigeno normal se convirtió en ozono, creando una envoltura protectora bajo la cual se multiplicaron las formas de vida.
Las plantas arraigan en tierra.
Hace unos mil quinientos millones de años, los procesos descritos y otros semejantes empezaron a convertir la tierra en un planeta habitable, capaz de sustentar formas más complejas. Hace unos 1.200 millones de años existían organismos de más de una célula, y hace 450 millones de años, las primeras plantas marinas consiguieron arraigar en zonas secas. Unos 100 millones de años más tarde, los animales empezaron a invadir la tierra. La invasión fue dirigida por los anfibios, que empezaron siendo unos peces recubiertos de escamas y con aletas que utilizaban para arrastrarse de charco en charco. Desarrollaron pulmones para respirar y extremidades para arrastrarse; pero todavía necesitaban volver al agua para reproducirse.
A los anfibios siguieron, hace unos 325 millones de años, los primeros reptiles, mucho mejor dotados, tanto por su constitución como por su forma de reproducirse, que proliferaron en los continentes vírgenes, muy aptos para la vida. Además, como los huevos de los reptiles contienen reserva de agua, pueden ser depositados en tierra. En una gran explosión evolutiva se diferenciaron en diversas formas y llenaron los espacios que les fueron propicios. Al mismo tiempo surgieron los insectos: entre ellos las chinches y los escarabajos. El clima en aquel período, era cálido y seco: la mayor parte de la tierra constituía un semidesierto salpicado de oasis y pantanos, que obligo a los anfibios a volver a los mares y favoreció a los reptiles, entre ellos a los dinosaurios. El cielo hace 150 millones de años, era cruzado por pterodáctilos de aspecto correoso, cuyas alas tenían una envergadura que oscilaba entre unos centímetros y siete metros. Por la tierra vagaban los grandes dinosaurios: el brontosaurio, el estegosaurio y el tiranosaurio rex.
Eran estas las mayores y tal vez las más raras criaturas que jamás han existido. Se diría que aquellos colosos fueron dinastías malogradas, aunque deambularon sobre la tierra durante 100 millones de años, es decir, 50 veces más de lo que el hombre ha vivido hasta el presente.
Continentes en movimiento
Mientras acaecía todo esto, la tierra no se hallaba inactiva. Aunque el volumen total del agua de los mares no ha variado mucho, la extensión de los océanos se ha modificado con la sucesión de las épocas glaciales. Los continentes se han movido lentamente sobre el globo, como grandes barcos que flotasen en un jarabe, chocando a veces para producir nuevas cordilleras. Todavía se desplazan aunque con tal lentitud que los aparatos más sensibles apenas logran detectar su movimiento. Pero la geología es más paciente; un desplazamiento anual de media pulgada supone un movimiento de 130 kilómetros en 10 millones de años.
El fin de los dinosaurios
Hace unos 100 millones de años, los grandes reptiles ostentaban la primacía entre todos los vivientes del planeta. Sobrevivía aunque de manera precaria, otro grupo de animales llamados sinápsidos, unos reptiles de sangre fría con mandíbulas y cráneos de mamíferos que surgieron mucho antes que los dinosaurios, pero que aún no habían llegado a su completa evolución. Bruscamente, hace unos 70 millones de años, desaparecieron los dinosaurios; y los sinápsidos, que para entonces habían evolucionado hasta convertirse en los primitivos mamíferos, ocuparon el puesto de aquellos. Los reptiles sobrevivieron en pequeño número y dieron origen a los pájaros. Después de tan larga espera, los mamíferos estaban bien preparados para su importante etapa evolutiva. Eran más dúctiles que los reptiles y se adaptaron a casi todos los ambientes. Para responder a las condiciones más diversas desarrollaron un gran cerebro y dependían mucho tiempo de sus padres; las hembras de los mamíferos eran vivíparas y alimentaban a sus crías hasta que podían valerse por sí mismas.
Muchos de los mamíferos han dejado restos fósiles tan perfectos que permiten seguir su evolución con todo detalle. No así los primates que habitaban en los bosques: en este ambiente sus restos se cubrieron rara vez de sedimentos y dejaron por lo tanto escasos fósiles. Aparte del testimonio fragmentario de un mamífero de aspecto antropoide, llamado Ramapithecus que data de hace 14 millones de años, se abre un paréntesis en esta rama de la evolución hasta la aparición del Australopithecus hace unos 5 millones de años.
Tras las huellas de Darwin
Desde que Darwin escandalizó al mundo con su teoría de que los hombres y los monos tenían un antepasado común, los expertos han ido estudiando en lo posible los 70 millones de años que abarca la evolución del hombre. Primeramente, el grupo de mamíferos que se instaló en los bosques desarrolló miembros apropiados para trepar por los troncos de los árboles y balancearse de rama en rama. Sus extremidades delanteras se hicieron más flexibles que las garras y las zarpas de otros animales, permitiéndoles tomar frutos e insectos que constituían su alimento principal. Estos primates de los bosques se parecían más a las ardillas que a los hombres, y han llegado hasta nuestros tiempos representados por las musarañas, los tarsios y los lemures.
Otra evolución importante diferenció a estas criaturas de los bosques de los demás mamíferos. En tierra, los mamíferos sobrevivían valiéndose únicamente de la vista y del olfato; pero la vida en las copas de los árboles exigía mayor agilidad e inteligencia. En consecuencia, el cerebro de los primates de los bosques empezó a desarrollarse.
Hace unos 40 millones de años apareció una especie de primates que podían considerarse como los antepasados comunes de los grandes monos y los hombres de la teoría darwiniana. Un grupo de estos primates siguió habitando los bosques y de ellos descienden los diversos monos y chimpancés actuales. Pero otro grupo comenzó, hace unos 20 millones de años, a descender de los árboles – tal vez en la época en que los bosques disminuían y abundaban los alimentos a ras del suelo – y a vivir en campo abierto, más allá de las lindes de los bosques. A través de millones de años aquellas criaturas empezaron a caminar erectas; sus miembros posteriores se convirtieron en pies, mientras que los delanteros se transformaron en sensibles órganos táctiles, capaces de manipular objetos como palos y piedras en provecho propio.
África, probable cuna del hombre
Como las primeras huellas de criaturas antropoides, que se remontan a cinco millones de años, han sido encontradas en África, generalmente se admite que la raza humana tuvo su origen en este continente. Indudablemente, África ofrecía condiciones favorables para la evolución del hombre, por hallarse alejada de los grandes movimientos geológicos y glaciaciones que estremecían y moldeaban las masas terrestres septentrionales.
El hombre surgió antes de que empezara una gran época glacial, la primera de las acaecidas en los últimos 100 millones de años. A lo largo de la evolución del hombre, se sucedieron diversos períodos en que el hielo avanzó hacia el sur cubriendo la tierra, separados por otros en que el hielo retrocedió temporalmente. Las violentas fluctuaciones del clima modificaron profundamente la distribución de las especies vegetales y de los mamíferos, sobre todo en el hemisferio norte. Cuando el frío era más intenso, las flores alpinas, los renos y las zorras árticas se extendían por Europa. Pero cuando se fundían las capas de hielo, los hipopótamos nadaban en el Támesis y los leones llegaban hasta Yorkshire.
Algunos mamíferos se adaptaron convenientemente a las rigurosas condiciones climáticas, como el rinoceronte lanudo o el mamut, una especie de elefante cubierto de pelo. El hombre primitivo sobrevivió de manera diferente: no por medio de cambios biológicos, sino aprendiendo a usar el fuego para calentarse y alumbrarse, y a usar las pieles de los animales para vestirse. Aún así existieron períodos en que la supervivencia, al menos en las regiones septentrionales, se hizo difícil, y se produjeron migraciones a zonas más templadas. Finalmente, hace unos 10,000 años las capas glaciales se retiraron por última vez. Por entonces vivía el Homo sapiens, un ser humano mucho más perfecto, que disfrutó de aquellas favorables condiciones. La larga cuenta atrás hacia el hombre había concluido.
Un antepasado común. Hace 40 millones de años los primates, uno de los muchos grupos de mamíferos que surgieron por primera vez en la época de los dinosaurios, estaban divididos en numerosas ramas. Se cree que una de ellas fue la de un primate bosquimano que andaba a cuatro patas, y podría constituir el antepasado común de los actuales grandes monos.
.El Ramapiteco. Hace 14 millones de años apareció un primate más evolucionado. Sus restos hallados en las colinas de Siwalik en la India, pertenecen probablemente al ser más antiguo entre los conocidos como predecesores directos del hombre. En África se han encontrado vestigios de otra criatura semejante. El Ramapiteco se mantenía en posición vertical.
Con un cerebro más desarrollado y unos miembros delanteros más perfeccionados. El Ramapiteco podía servirse de estacas y piedras para cometidos simples, tales como el de atemorizar a sus atacantes.
.El Australopiteco. Este gran mono antropoide vivió en África oriental y meridional hace unos cinco millones de años. Su cerebro no era mayor que el de los simios actuales, pero caminaba erguido y probablemente utilizaba herramientas. Estas primitivas herramientas eran instrumentos rudimentarios: huesos de los animales que comían o guijarros afilados.
.El hombre 1470. Hace unos dos millones de años, el hombre 1470 coincidente algún tiempo con el Australopiteco, surgió en África oriental. Deambulaba erguido y poseía un cerebro más evolucionado que cualquiera de los otros grandes monos. Fue probablemente quien realizó las primeras herramientas humanas – golpeando una lasca para afilarla.
.Homo erectus. El más antiguo representante del género Homo, generalmente aceptado, se extendía por Asia, África y Europa. Utilizaba el fuego y cazaba animales de gran tamaño. En África el Homo erectus fabricó sencillas hachas de mano; pero esta habilidad no llego al sudeste de Asia, donde se realizaban instrumentos muy primitivos.
.Homo sapiens. En Swanscombe (Inglaterra) y en Steinheim (Alemania) se han encontrado fósiles que sugieren que la especie humana se remonta a una antigüedad de unos 250,000 años; sus cráneos se parecen mucho a los nuestros. Las hachas de mano de ese período, ejecutadas en Europa, África y Asia oriental, resultan más perfectas y eficaces.
El hombre de Neandertal. Cuando los glaciares avanzaban hacia el sur por última vez, Europa era el asiento de los hombres de Neandertal, variante del Homo sapiens que no ha sobrevivido. El hombre de Neandertal fabricó raederas de pedernal y puntas de flecha, utilizando lascas.
El hombre moderno. El Homo sapiens, nuestra propia subespecie, se desarrolló probablemente fuera de Europa; pero en Francia han aparecido restos suyos muy antiguos que datan de hace 35,000 años, sus utensilios eran un arpón de cuerno y una raedera de pedernal, una punta de proyectil y una lesna de doble punta.

viernes, 5 de septiembre de 2008

La Cristiada.

LA CRISTIADA.
1926 – 1929

Después de pasar por un periodo revolucionario (1910 – 1919), el gobierno emanado de esa triste revolución, queda en todos sentidos, dolido, molido, pobre, sin recursos, con una gran mortandad de mexicanos, con las ideas revueltas, en donde la lucha sigue… y sigue… y no sabemos hasta cuando parará… (Porque no ha parado… ) la población mexicana se encuentra en mayores dificultades que las descritas del gobierno… examina la situación, encontrando que de toda esta pobre descripción, los únicos que no han resentido los cambios que el movimiento trajo… son una clase de personas, muy respetables… El Clero, ellos tienen una vida muy exquisita, comida bastante y muy selecta, buena ropa, calzado y demás… son los poseedores de diezmos y primicias; en fin, han conservado una cantidad de recursos en demasía… razón por la cual el gobierno se acerca a solicitar que esos recursos se pongan a trabajar… el clero se opone… y viene la lucha que sigue… (veamos)

El clero “amenazado” – contesta desde todos sus ámbitos – “pulpito”, principalmente, incita, arma, hace brotar la llama de la rebelión en defensa de sus “intereses” – principalmente económicos, y como palomitas de maíz, surgen en varios estados – principalmente Jalisco y Guanajuato – grupos armados en defensa de la religión cristiana, les siguen Durango, Colima, Michoacán.

Entre los años de 1926 y 1929, la iglesia contra un gobierno anticlerical y seudo comunista, pero veamos a continuación las causas que lo originaron:

La causa principal fue la insistencia del estado mexicano en hacer cumplir lo dispuesto en los Artículos 3°, 5°, 24° y 130° Constitucionales; otros enfoques hacen hincapié en los efectos de la “Acción Social” católica y la reorganización administrativa de la iglesia, también en la problemática agraria y la crisis derivada de la Revolución iniciada en 1910. Así las causas fueron no solamente religiosas, sino también políticas y socioeconómicas.

A finales del siglo XIX, la iglesia inspirada por la Encíclica Papal Rerum Novarum indujo al clero a modificar, tanto su discurso, como su acción con el de involucrarse en el proceso social y no quedarse al margen.

En la segunda década del siglo XX comienzan a surgir organizaciones sociales católicas: Asociaciones Católicas de la Juventud Mexicana (ACJM), Unión de Damas Católicas (UDC) y Caballeros de Colón (C.C.). Los líderes de estas asociaciones y el clero también participaron en la formación de organizaciones obrero-católicas, buscando alejarlos de la influencia comunista.

De 1910 a 1926, la Arquidiócesis de Guadalajara emprendió un programa de reorganización administrativa, convirtiendo las vicarías en parroquias, esto contribuiría a que la población sufriera un cambio social. En primer lugar, porque se exhortaba a los fieles a organizarse y a movilizarse para realizar el trámite. En segundo lugar, hacía más fuertes los lazos entre las personas de la localidad además que desarrollaban una capacidad de autogestión para defender sus intereses.

Durante la década de los veinte, el problema de la tenencia de la tierra continuaba vigente. Con los escasos repartos que se hicieron, la situación no mejoró, pues las tierras que se entregaron eran poco fértiles y los campesinos no tenían los recursos para hacerlas producir.

En la región de Los Altos, los moradores se quejaban de que el gobierno repartía tierras que ya se estaban fraccionando entre ellos por herencia o por derecho natural. Además estaban en desacuerdo con el reparto agrario en ejidos: los alteños pugnaban por la pequeña propiedad.

La participación de los campesinos en el movimiento cristero fue con la esperanza de ser gratificados con una porción de la tierra.

Los conflictos entre la iglesia y el estado se iniciaron con la aplicación de la Constitución de 1917. De 1924 a 1926 las hostilidades adquirieron un tono grave.

Las medidas anticlericales de Plutarco Elías Calles y José Guadalupe Zuno lentamente fueron limitando el poder y la participación de la iglesia en la situación sociopolítica con una ley para el establecimiento de sindicatos y sociedades mutualistas, impidiéndole a la iglesia participar en el proceso de organización de la clase obrera.

En 1924 Zuno clausuró los seminarios de Guadalajara argumentando el mal estado de las instalaciones sanitarias.

En respuesta, en 1925, Anacleto Flores, Presidente de la Confederación Nacional Católica de Trabajadores, formó un comité de defensa religiosa y publicó un manifiesto, en el que exponía que la nueva persecución religiosa sería vencida si se actuaba con energía para que se derogaran los Art. 3°, 5°, 24° y 130° Constitucionales, que limitaban las acciones de la iglesia, en lo cívico, además, restringían el número de sacerdotes, los derechos de éstos y sus atribuciones.

En 1926, la hostilidad llegó a su punto más álgido cuando Plutarco Elías Calles pretendía establecer una iglesia de estado lo cual provocó desagrado en el Episcopado Mexicano. Ante las medidas anticlericales los clérigos protestaron desde el púlpito y ante el Poder Legislativo.

Los seglares, agrupados en organizaciones civiles, utilizaron la propaganda para enrolar a todos los católicos y actuar en conjunto contra el gobierno para derrocar al gobierno de Calles.

De tal manera que la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, organizó y encabezó una rebelión armada, que contó con el apoyo del Arzobispo de Guadalajara, además de otros obispos del país.

Después de los primeros brotes cristeros, hubo enfrentamientos sangrientos entre autoridades locales y fieles católicos. Sin coordinación, grupos provistos de armas se reunían en todos lados. Los cristeros peleaban en terrenos muy conocidos por ellos. La lucha cristera declinó a mediados de 1927, a causa de la muerte de varios de sus jefes, la escasez de armas y alimentos, la falta de apoyo económico y la ausencia de militares de carrera que movilizaran grupos de más de 200 hombres; además no contaban con un dirigente capaz de guiar el movimiento.

No fue sino hasta 1928 cuando la cristiada contó con un General en Jefe, Enrique Gorostieta, Jr, militar de carrera que había servido en el ejército federal durante el huertismo, lo que le valió (como a su padre) el destierro a los E. U. y a Cuba. De vuelta al país, se integró con su mando de tropas en los Altos de Jalisco. Su destacada participación le hizo merecedor de la jefatura militar cuando ésta carecía prácticamente de cabezas, pues muchos de los principales generales cristeros habían muerto en combate. Gorostieta llegó a dominar las zonas de Jalisco, Colima y Nayarit, restó fuerzas a la rebelión. Por otra parte, fue indiscutible el talento militar del Secretario de Guerra del Gobierno, Gral. Joaquín Amaro.

En junio de 1928 el Arzobispo Orozco y Jiménez le escribió al Papa manifestándole su decisión de continuar la lucha para derrotar al Gobierno de Calles. En tal sentido, Gorostieta hizo pública, en octubre de 1928, su intención de tomar las riendas del gobierno. Después del asesinato de Álvaro Obregón, las fuerzas gubernamentales se robustecieron para acabar con los sublevados.

Las esperanzas de que los cristeros ganaran el conflicto se fueron desvaneciendo conforme transcurría el año de 1929. En gran medida contribuyó a ello la muerte de Gorostieta, ocurrida ese mismo año, en la hacienda del Valle, cerca de Atotonilco, donde fue atacado por el regimiento de caballería que dirigía Saturnino Cedillo.

Los templos se abrieron al culto el 29 de junio de 1929, en medio de un gran desaliento entre los cristeros, quienes pensaban que la jerarquía eclesiástica los había traicionado al no tomarlos en cuenta en los arreglos.

Así terminó la cristiada, un acontecimiento violento que estuvo colmado de vejaciones y crueldades por parte de ambos bandos.

jueves, 4 de septiembre de 2008

El abuelo - Cenovio García Fajardo.




Cenobio García Fajardo, hombre del siglo antepasado, habitante del poblado – casi rancho – Tepec, Jalisco – Campesino, sembrador de trigo, cebada, garbanza, alfalfa, al servicio del hacendado del lugar, quien en sus tiempos mozos participó en el movimiento revolucionario – andaba en la bola – decía con un dejo de tristeza, por ese tipo de experiencias vividas, donde nadie sabía a ciencia cierta lo que estaba pasando, todos con sus sueños truncados, con el pecho cruzado por cartucheras, el 30 – 30 embrazado – los que traían – que eran los menos – la mayoría, armados con utensilios de labranza, palos, hondas y piedras y el espíritu de sobre vivencia colgado de un hilo muy delgado la mayor parte del tiempo aquél, dejando a los amigos en cualquier lugar, cuando ya no podían continuar por estar exánimes o muertos por las balas enemigas.
La vida había pasado en aparente tranquilidad, hasta el momento ese, en que el capataz de la Hacienda no le autorizó su pretensión de formalizar relaciones con la amada Francisca – “Pancha” – debido a que se encontraba al servicio de la “Casa Grande”, y el patrón no permitía que los mozos se metieran en ese terreno, el cual estaba vedado a este tipo de pretensiones.
Ante la insistencia de Cenobio, el capataz ordenó el castigo para el impertinente mozo – 60 azotes – los cuales fueron religiosamente contados por los encargados de propinar el castigo, uno a uno fueron cayendo sobre la espalda desnuda de Cenobio, ante las risas y burlas de los asistentes y la impotencia y dolor del castigado quien – según los tiempos – resistió más por el orgullo de la causa y la fortaleza del rudo trabajo diario, que por la fuerza del verdugo.
A partir de aquél momento, la vida ya no era la vivida en tiempos que se encontraban bastante lejos de la – “aparente tranquilidad” – del mozo de hacienda, a quien se le habían complicado tanto las cosas, que en la primera oportunidad, escapó de ese infierno en que ahora se había convertido la estancia en aquél lugar que lo había visto nacer, crecer, fortalecer su cuerpo y su mente, hasta encontrar a la amada “Pancha”.
La búsqueda del fugitivo – sobre quien pesaba la pena de muerte – por el delito de escapar del “hogar”, inició de madrugada, hora en que iniciaban las labores normales del trabajo cotidiano, la escarpada ruta de escape pronto se vio repleta de los perseguidores montados en briosos caballos propios para el caso, nunca se había escapado nadie, pues a todos los atrapaban antes de llegar a la planicie de la sierra de Tapalpa, diestros en la persecución, estaban seguros de que atraparían al fugitivo y saboreaban por adelantado el ejemplar castigo ante toda la población hacendil, para ejemplo de todos los demás.
La sierra con una altitud de 2,057 metros sobre el nivel del mar, constituía el único camino posible de escape, pues la planicie de la Laguna de Sayula, además de las “Garitas” establecidas en los caminos de acceso a la población y casco de la hacienda, hacían prácticamente imposible la fuga, solo quedaba la alta y lejana planicie de la Sierra Madre Occidental, la cual con sus 1,610 kilómetros de longitud, en caso de llegar a ella, constituía la única vía segura para un desertor.
La ventaja que Cenobio llevaba eran 6 horas, en las cuales había aprovechado una gran distancia, pues la inteligencia, juventud y fortaleza serían los elementos que a la postre le darían la libertad que ansiaba y requería, sabedor del castigo que se imponía a quienes tenían la osadía de fugarse, y conocedor de los vericuetos del camino, pronto vislumbró el paso del Águila, peligroso desfiladero que en forma vertical tiene una profundidad de más de mil metros de caída libre, lugar en el que solo algunos podían decir que siquiera lo conocían, menos podrían asegurar el paso por el escarpado lugar, arriesgando la vida y solo con el valor por delante, el fugitivo se dispuso a continuar adelante con el intento, a punto estuvo de no lograrlo, sin embargo, sudoroso y acalambrado por el esfuerzo realizado, se miró satisfecho y contento de por el momento encontrarse en sitio seguro, no obstante, una vez repuesto del momento pasado, renovó la huída hasta llegar a lo alto de la Sierra Madre Occidental, lugar en el que se encuentra al fin confiado en que sus perseguidores no le darán alcance.
Caminó durante dos días, sin encontrar ninguna persona, solo de vez en cuando, se detenía para comer camotes que hábilmente desenterraba; cuando encontraba algún árbol – arbusto – de guayaba de venado, en pocos minutos, quedaba éste sin fruto alguno, hasta los pequeños retoños pasaban a ser digeridos por el estómago de Cenobio, dormía siempre alerta – con un ojo al gato y otro al garabato – contaba después a los amigos.
Al fin de dos días, se encuentra con una gavilla de hombres armados y dispuestos a todo, con tal de no regresar a la esclavitud en que antes vivían, y a soportar las injusticias de capataces y hacendados, quienes con la más descarada y malsana voluntad les oprimían hasta dejarlos secos, como zaleas de perros callejeros, el encuentro resultó afortunado, pues a dicha gavilla la habían diezmado días antes, en un enfrentamiento con las fuerzas armadas, de un mal gobierno porfiriano que ostentaba el poder de la fuerza de la armas, que no de la razón, motivo por el cual Cenobio es recibido con gran estrépito y felicidad por parte del jefe del grupo, a quien le informó sobre los motivos que lo impulsaron a huir y dejar tras de sí, sueños, las escasas pertenencias, amigos, familia y hogar… y a su amada.
Ningún esfuerzo le costó al fugitivo incorporarse al grupo aquél, pues en pocos días, el valor a toda prueba, el trabajo incansable, el conocimiento y las ganas con actitud envidiable le aseguraron un lugar dentro de aquellas almas rebeldes a los malos tratos que antes recibieron, muchas fueron las veces en que estuvieron al borde de la muerte, tuvo que aprender a enterrar a los compañeros y dedicarles un pensamiento sobre aquellas vidas consagradas al sacrificio por una causa muchas veces no comprendida, ni valorada por nadie, solo la esperanza del que sabe que al fin logrará algo de paz y tranquilidad de cuerpo y alma, conseguía mantenerlos en alerta constante y prestos al combate – o la huida – si así lo requería el momento.
La incorporación de Cenobio al grupo, aparte de un elemento nuevo, le incorporó además la clara inteligencia y conocimiento de razones y sinrazones que forman todas las cosas de este mundo, pues en la mente de éste siempre existió – lo que él llamaba – “un centavo de sentido común” – lo cual a través de sus actos, siempre utilizaba y con excelentes resultados, pues su pensamiento, casi siempre encontraba en los hechos, la comprobación de sus teorías, ello le atrajo el respeto de sus correligionarios, quienes poco a poco, se mostraron más confiados a su buen tino y elocuente sabiduría.
En estas correrías, paso el tiempo, no sabían mucho de lo que pasaba en otras partes referentes al movimiento de revolución que encabezaba el Señor Francisco I. Madero, sin embargo. Tenían presente la figura de Francisco Villa en el Norte del país, y en el Sur, sabían de la resistencia del General Emiliano Zapata, del Plan de Ayala, que pugnaba por la posesión de la tierra a los campesinos que la trabajaban, con lo cual ellos soñaban que algún día se hiciera realidad.
La presión que el ejército ejercía sobre ellos, había menguado, hasta casi volverse una calma chicha, tenían ellos un muy grande espacio para movilizarse y casi se sentían en libertad para trabajar, alimentarse y disfrutaban de tiempos que no habían conocido hasta el momento, pero que les hacían sentir que ello era el presagio de tiempos mejores.
Establecieron un sistema de recorridos en aquellos – “sus dominios”, por medio del cual pudieron enterarse de los movimientos que el enemigo efectuaba, de esa manera se dieron cuenta de que Sayula, Atoyac, Zapotlán, Tamazula, Pihuamo, y alrededores habían recibido la presencia de Don José Vasconcelos, quién se encontraba en gira política, pues pretendía ser candidato a Presidente de la República y que había todo un ejército de hombres peleando por la causa de los pobres y en contra de hacendados, los cuales al ver la complejidad del movimiento, habían escapado, para no caer en manos del movimiento, pues algunos que no habían sido previsores, yacían muertos, o simplemente el poder que detentaban ya no era tal.
Con esa confianza, salieron de aquella zona que tanto les había protegido, llegando a Tepec, y… a buscar a Pancha.
ENCUENTRO CON LA AMADA:
Con gran algarabía, el pueblo entero recibió a aquellos fieros rebeldes, quienes ahora se mostraban orgullosos de haber logrado lo que ni en los sueños, hubieran creído posible – ni creíble – solamente el recibir aquellas muestras de júbilo de ese pueblo que empezaba a creer que la vida sería a partir de ahora diferente de lo vivido en tiempos en que el patrón se consideraba el elegido por Dios para hacer con ellos… todo lo que la mente pudiera imaginar… y más de ello – pues en muchos casos la imaginación se quedaba corta de lo que eran capaces de hacer, si caían de la gracia del capataz o del mismo patrón.
Buscaba con mirada aguda, el rostro amado, al cual, con abundantes lágrimas encontró en medio de la multitud – como un rayo, bajó del corcel, y casi voló a estrechar al ser de sus pensamientos, ella también ansiaba estrechar entre sus brazos, al amado que consideraba muerto y comido de buitres en alguna barranca como la del “Paso del Águila”.
La revolución le entrega a la pareja, tierras para trabajar, las cuales siguen recibiendo el sudor del trabajo de Cenobio, solo que ahora el producto ya no será para el patrón, ahora el producto del “Trabajo del hombre”, será para la naciente familia, quien acompaña a Cenobio en las diarias faenas, logrando con empeño y dedicación excelentes cosechas de trigo, cebada, alfalfa, garbanza, pitahaya, café…
Inicia plantación de Nogal, árbol que en la posteridad dará el sustento a la población de la región.
El trabajo comienza a dar frutos, llega una hija – Aurora – primogénita de la nueva familia, un poco después se anuncia el arribo de un hijo – Alfredo – los niños transforman la incipiente nueva vida de esa familia, quien mira los productos de ese amor que sobrevivió a las calamidades de aquellos tiempos de cambio…
No obstante, el movimiento revolucionario seguía en todo su apogeo, el gobierno, al igual que el pueblo, se encontraba en bancarrota, no había suficientes recursos para lograr el desarrollo de la nación, después de efectuar un estudio sobre el caso, descubren que el dinero se concentra en manos del clero, el cual recibe y envía dichos recursos a la Santa Sede en Roma, se reúnen con los jerarcas de la iglesia y le piden que esos recursos ya no sean enviados fuera del país, que los mismos se queden dentro, que se inviertan para el desarrollo de México, los jefes de la iglesia con fervoroso afán, se niegan a acatar la solicitud, a ellos no les interesa el desarrollo interno económico, ellos piensan que su trabajo es lograr que las almas lleguen a un cielo con el creador, y que las cosas terrenales y sus problemas son para las autoridades civiles, en una palabra que no hay trato, ellos continuarán con su culto como ha sido siempre… desde el principio de los tiempos… y que así seguirá hasta la consumación de los siglos.
Ante esta cerrazón, el gobierno, ejecuta un plan concebido para tratar de hacer entrar en razón a las autoridades eclesiales – ordena cerrar las puertas de los templos - con la incorporación de esta nueva idea, los teóricos del gobierno señalan que los templos son propiedad de la nación, y que no habrá marcha atrás al respecto… [Continuará]